Llevo el día a día como puedo, sin perder la dignidad, sin perder el equilibrio, sin perder la disciplina, sin perder la compostura.
A pesar de ello, convivo entre diferentes disonancias cognitivas, obligado a comportarme de una manera que no encaja con mis convicciones y eso al final deja muescas.
Colaboras y trabajas en negocios en los que no crees, usando técnicas que consideras discutibles.
Mantienes las distancias personales cuando querrías romperlas y acercarte a quien nunca te pide que te arrimes.
Y maldices lo asqueroso que es para tu conciencia que no resultes necesario a quien te roba por dentro.
Al final no es tan raro que piense que la vida es un asco, o sí?
Putas disonancias...
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