No estoy acostumbrado a vivir en el alambre, es ésta una época repleta de incertidumbres propias y ajenas.
Como sociedad navegamos a ninguna parte a toda velocidad.
Soy uno más de los millones de parados de este país y no me acostumbro, la falta de costumbre, no me había pasado nunca, hace que tenga que ocupar mi tiempo y que mi mente de más vueltas de las necesarias.
Intento machacarme físicamente cada mañana para estar el resto del día más "relajado", soy de la opinión que las terapias para la ansiedad no tienen que ser químicas.
El resto de aspectos personales tampoco son una maravilla, aunque aún no estoy preparado para escupirlos en un blog que alguna vez puede ser leído por alguien.
Por desgracia uno se siente más cómodo compartimentando su vida en una agenda y viviendo en el estrés de las certidumbres, de las citas que se superponen.
Pasar de todo a nada es , digamos, traumático.
En la ecuación de la vida es necesario poder ir despejando incógnitas, pero hay momentos en la vida en que tienes la impresión de que tú eres la incógnita de la ecuación de alguien.
Mientras descubrimos si uno despeja a otros u otros le despejan a uno vamos sumando minutos a los días que van transcurriendo muy lentamente...
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